Por Ángel Díaz-Miguel.
Mi tío Ángel era librero “de viejo”. Él lo decía así. Había otras denominaciones: “de libros usados”, “de ocasión”, “de segunda mano”, “de lance”… Tenía la tienda en el centro de Madrid, con dos entradas: una por la calle de la Luna y otra por la calle de la Estrella, dos calles paralelas situadas en las cercanías de la Gran Vía.
Precisamente la conexión de la calle de la Estrella con la Gran Vía era (y sigue siendo) la calle de los Libreros, hoy peatonal, y bastante cambiada a como yo la recordaba.
En los años 70 (mi etapa juvenil y universitaria), la calle Libreros tenía su época de esplendor y apogeo en los meses de Octubre y Noviembre, debido a las transacciones de compra-venta de libros de texto universitarios. Hasta el punto de que se formaban largas colas a la puerta de varias de estas librerías, con personas solicitando el García de Enterría (Derecho), el Samuelson (Empresariales) o el Santesmases (Física), entre otros.
Pues bien, el local con mayor demanda (y cola) era la librería Casa Felipa, a la que todo el mundo conocía por “La Felipa”. Desconozco la razón; supongo que tendría mayores fondos a la venta, o más adecuados a las necesidades de los demandantes, o haría mejores precios. El caso es que horas antes de que levantara la persiana ya había gente haciendo cola. La señora Felipa era real, o sea que era la que estaba a cargo de la tienda, con algún ayudante, y tenía un carácter peculiar, más bien brusco, no dudando en abroncar a la clientela si se alborotaba demasiado.
Han pasado muchos años; creo que ahora no se da este fenómeno en el otoño madrileño; posiblemente todos los textos están en la red, o en la nube, o en…. Lo que sigo recordando con nitidez es el cartel que tenía colgado “La Felipa”, bien visible, detrás del mostrador:
“Si no tienes nada que hacer, no lo vengas a hacer aquí”
Aviso preciso a navegantes: aquí se viene a lo que se viene. Si tienes un libro que vender, tráelo, lo tasamos y si te parece bien la oferta, trato hecho. Si quieres comprar un libro, trae toda la información que lo identifique, cuanto más precisa mejor. Si lo tenemos, te decimos lo que cuesta, precio cerrado, sin regateo. Si te convence, bien, si no, no marees, y deja paso al siguiente. “High performance” y eficacia en estado puro.
Muchas veces a lo largo de mi carrera profesional he recordado y sacado este aviso a colación. Para aplicármelo a mí mismo, y para transmitir a los equipos de trabajo la importancia de:
a) enfocarse en el resultado,
b) reconocer que, al igual que hay días donde hay que “echar” 10, 12 ó 20 horas (porque hay que terminar algo en la fecha comprometida, porque las cosas no siempre salen bien a la primera, porque de tu trabajo depende el de otros, …) hay otros días donde no pasa nada por entrar a trabajar un par de horas más tarde o cogerse la tarde libre, y
c) evitar la manía del estar en el trabajo, y especialmente fuera del horario establecido, “por si acaso” o, más grave, para que te vean y piensen que estás haciendo algo productivo (enfermedad de amplia difusión en muchas organizaciones y ya diagnosticada con el nombre de “presentitis”).
Ya sé que en tiempos de vacas flacas, parece que “hay que echar el resto”, “hay que poner toda la carne en el asador”, “todo esfuerzo es poco”, “si nosotros no lo hacemos, otros lo harán y nos echarán del mercado”… frases todas muy loables, y con un punto de razón. Pero que para nada están reñidas con tener claridad en los objetivos, mantener un foco en lo esencial, distinguir lo importante de lo urgente y dar lo mejor de uno mismo en cada momento. Para lo que, seguramente, habrá que aplicar uno de los principios de Covey:
“Si no paras de vez en cuando a afilar el hacha, cada vez cortarás menos árboles”.
Muchas gracias Carlos, Margarita y Sonsoles (por orden de aparición en escena…). Valoro mucho vuestros elogios y me animan a seguir buscando temas interesantes para compartir. Un beso fuerte chicas y dosabrazos para Carlos.
Querido Ángel ¡¡Muchas gracias!!. Como siempre…certero en tus apreciaciones y recuerdos, me haces rememorar tiempos pasados desde un punto de vista inspirador. Me recuerdas poner el foco de forma específica, medible, orientado a la acción, de forma realista y estableciendo límite de tiempo. Sin tonterias, vaya. ¡¡Mil gracias amigo!!
Angel, como siempre genial, adecuado y muy poético. nostaligia de la buena. no es que todo tiempo pasado es mejor pero cuando el ocio es elegido, con significado, para pensar, para estar contigo, para preguntarte las preguntas de la filosofía: quien soy, que quiero? se presentifica la creatividad y te enteras del sentido de tu vida.
Cuando practicas el ocio creativo vuelves a la oficina con los problemas resueltos, cuando practicas la”presentitis” te llevas los problemas de la oficina a casa.
Genial Angel. Me quedo con el recuerdo castizo del viejo Madrid y con la frase genial de La Felipa. Cuántas empresas tienen en sus puestos a gente que va a no hacer nada, sólo por el echo de cobrir horas…. Fantástico post